Abril 18, 2017

Desde que regresé a trabajar a una oficina hace ya dos meses y cacho estoy leyendo mucho y a buena velocidad pero de manera automática y medio por default. Leo libros con el desgano e ímpetu con que se cambia de canal en la tele. Tiene que ver con que sobrellevo un disgusto pasajero con la vida. O quizá sólo me estoy auto castigando. Para que la fase me sea los más productiva posible y todo lo leído no se vaya al dulce caño del olvido, estoy tratando de concatenar libros: que uno me lleve a otro y este me lleve a otro. Así se aprende uno involuntariamente las canciones en los bares.

Por ejemplo: yo envidio la forma como escribe Cheever, y él en sus diarios menciona que le tiene envidia a la forma como escribe Bellow. No se me ocurre forma más noble de acercarse a un autor.

Leí “Herzog” de Saul Bellow desde la irreflexión antes mencionada. Aun así, el libro es fascinante. A grandes rasgos: un hombre en el climaterio de su vida se encuentra sorprendido de que una vez más tenga que encarar una contrariedad amorosa. Rabioso y huyendo, se pone a escribirle cartas a todo mundo: filósofos contemporáneos, amigos de la infancia, el cabrón que le bajó a la esposa, inquisidores medievales y hasta al mismo Dios del Antiguo Testamento. El hombre es un pusilánime, la inacción del escritor impera en él. Me atrevería a decir que todos estos personajes judíos mediocres (tan populares en el cine por ejemplo de Woody Allen y los hermanos Coen) tienen inspiración y origen en Bellow. El personaje, Moses Herzog, es entrañable porque fracasa con una naturalidad desoladora. No hay heroísmo en nuestras vidas diarias: estornudamos y se nos desatan las agujetas y nuestras mujeres nos abandonan por otro. Es lo que hay.

Entonces me lancé a buscar otro libro de Bellow, había yo escuchado que “Henderson, el rey de la lluvia“ era su única novela humorística. No me costó trabajo hacerme de un ejemplar usado a menos de cien lanas en la Jorge Cuesta.

Henderson es un hombre pedante y megalómano, mentiroso e iracundo. Un personaje insoportable. Dueño de una granja de cerdos, cosa que lo enorgullece y realza su personalidad grotesca. El padre de su segunda esposa se suicidó de un balazo en la cabeza, por lo que Henderson no chista en hacerle pasar un mal rato a su mujer cargando un arma en toda ocasión y amenazando con que se volará la tapa de los sesos ante cualquier desavenencia doméstica. Muy simpático. En plena depresión de hombre adulto se va a África casi por accidente. Ahí, después de varias aventuras se vuelve amigo de un rey africano que desea convertirlo en un tigre.

Henderson tiene una curva de personaje interesantísima. De repente en medio de la nada deja de ser el hombre pedante y presumido que es y empieza a transformarse en alguien inseguro, en alguien cobarde, en un hombre humilde, en un buen ser humano. Más que un tigre, se asume un cerdo. La inmundicia de su vida se vuelve en su contra de golpe. El final feliz de esta novela, mismo que no destapo en estas tropezadas líneas, es casi mágico. Como pasa con Herzog: Bellow no maquilla con literatura el dolor de toda una vida.

A estas alturas del siglo es sumamente sencillo escribir la historia de un personaje cínico que se redime al final. Los protagonistas anti-héroes están de moda. Un hombre sardónico y sarcástico pierde a su madre, se burla de ello y actúa como si nada lo afectara, al final algo ocurre que le hace llorar desconsoladamente bajo la lluvia. ¡Hueva inmunda! Esta misma noche hay 300 novelas escribiéndose con ese formato. 299, quiero decir…

Los personajes de Bellow se desarrollan sin prisa frente a nuestros ojos, viven, cambian, son una certera y amena lección de cómo escribir personajes que no se vayan al dulce caño del olvido.Iconofinaltexto copy

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Gabriel Rodríguez Liceaga

Gabriel Rodríguez Liceaga

Defeño, del Barrio Bravo de Tepito. Autor de los libros de cuentos "Niños tristes" (Premio Maria Luisa Puga 2010), "Perros sin nombre" (Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí 2012) y "¡Canta, herida!" (Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez 2015). Además de las novelas "Balas en los ojos", "El siglo de las mujeres" y "Hipsterboy".
Gabriel Rodríguez Liceaga

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